Alberto Agudo Domínguez – Cómo Paliar la Escasez de Agua

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Cómo Paliar la Escasez de Agua

Durante este último verano hemos sufrido las consecuencias de la sequía en diversos puntos de la Península. El agua es un recurso tan esencial para nuestras vidas que, en muchas ocasiones, ni siquiera nos percatamos de que forma parte de los procesos de producción de gran parte de los artículos que consumimos. Como resultado, su carácter esencial pasa inadvertido hasta que llega una sequía y saltan las alarmas. En algunos casos; por ejemplo, en zonas rurales con peores conexiones para ser abastecidas, esta escasez obliga a las administraciones públicas a imponer restricciones a sus ciudadanos en el uso del agua.  No obstante, existe un colectivo en particular que depende de forma crucial del agua para sobrevivir, y que sufre enormemente (y previamente al resto de los civiles) las limitaciones que se le puedan imponer sobre los recursos hídricos: los agricultores de regadío. Pero antes de explicaros el porqué de su vulnerabilidad a la falta de agua y la herramienta que propondré para mejorar su situación, vayamos un paso atrás. ¿Quién determina cuánto es suficiente en el uso del agua?

En el caso de Castilla y León, los usos del agua están regulados por la Confederación Hidrográfica del Duero (en adelante, CHD). Como medio para solventar las acuciantes necesidades de gestión de los recursos hídricos, la CHD dispone de un Plan Especial de Sequía que regula los usos del agua tanto en situaciones de sequía prolongada como escasez coyuntural. En este artículo nos interesa en particular cómo afrontar la escasez, entendida como la falta de recursos hídricos de forma temporal para afrontar las demandas de agua. Este es el punto que nos devuelve a los agricultores. Según el actual Plan de Sequías, de entre todos los usos a los que se puede destinar el agua, el regadío supone, con diferencia, el consumo mayoritario. Por ende, ante una situación de escasez, los agricultores de regadío serán los primeros en sufrir las restricciones, ya que esta regulación busca mitigar el impacto sobre la población civil. No obstante, ¿cómo se toma esta decisión? Existen indicadores de escasez, con valores entre cero y uno, para subcuencas del Duero (como, por ejemplo, zonas del Tormes) que comparten recursos hídricos. Estos índices se calculan a través de caudales y volumen de agua reservada en embalses, dependiendo de las condiciones hídricas de cada región. En Mayo de cada año, la CHD se reúne y utiliza el indicador de Abril para evaluar la situación y aplicar restricciones al uso del agua durante el verano, la temporada intensa de regadío. Como resultado, los agricultores pueden sufrir cortes en el uso del agua que les obliguen a eliminar parte de sus plantaciones con el objetivo de sobrevivir a la temporada. Esto se traduce en pérdidas, precios más altos de algunos productos agrícolas, e incluso desempleo en el campo. Así que nos preguntamos si existiría alguna forma de permitir que el sector agrícola se pudiese cubrir contra estos riesgos (que no son exclusivamente meteorológicos, sino que también dependen de una decisión humana). Ese es el objetivo de este artículo: El diseño de un seguro contra la escasez que ayude a los agricultores a mitigar estos riesgos.

En el mercado de seguros agrarios español no existe un producto que asegure parte de la renta de los agricultores como consecuencia de sequías o escasez. Uno de los motivos es que, si la decisión se toma por parte de un comité sujeto a la presión del colectivo agrícola, un seguro que garantizase las rentas agrícolas podría acabar incentivando a los agricultores a presionar para que se decretasen restricciones y cobrar así las indemnizaciones asociadas a ellas, por lo que no sería viable. Por otro lado, es complicado calcular exactamente los daños que se generan debido a la falta de agua por la decisión de la Confederación. Como solución a estos dos problemas, propusimos un seguro índice que calculase las pérdidas del agricultor como la diferencia (a través de simulaciones) entre su renta antes y después de las restricciones correspondientes a un determinado valor del índice de escasez (el cual es objetivo, la decisión subjetiva del comité se toma tras utilizar este dato). No obstante, algunos investigadores ya habían abordado el diseño de este seguro, pero olvidaban algo relevante. Diversos organismos internacionales (Banco Mundial, IPCC, World Economic Forum) ya apuntan a los problemas económicos que generará la falta de agua en las cuencas mediterráneas bajo condiciones de cambio climático. Sin embargo, a pesar de la necesidad de adaptarnos a un futuro con diferentes recursos naturales, nadie había investigado si este tipo de seguro seguiría siendo factible con unas condiciones climáticas más adversas. Por lo tanto, en este trabajo nos decidimos a investigar si este seguro índice sería factible no sólo bajo las circunstancias climáticas de los últimos cincuenta años, sino bajo diferentes escenarios de cambio climático.

En nuestro caso, nos centramos en la región del Cega (Segovia), una subcuenca que permitía ver los efectos del cambio climático porque su índice de escasez sólo depende de aguas de escorrentía y no embalses, donde también influyen las decisiones humanas sobre cambios en gestión del agua almacenada. A través de varias simulaciones sobre el comportamiento agrícola promedio ante las limitaciones en el uso del agua (disponibles en el grupo de investigación ATACC) y otras estimaciones sobre el efecto del cambio climático en la escasez, pudimos obtener cuánto supondrían las primas de riesgo a pagar bajo diferentes diseños del seguro y escenarios climáticos. Como se puede leer en el artículo académico que hemos publicado, bajo el clima actual, se podría diseñar un seguro donde las primas a pagar quedasen por debajo del 20% de los costes del agricultor, incluso en el peor de los casos (es decir, con modelos más pesimistas). Este umbral está considerado como máximo en la literatura académica para que un seguro sea factible. Ante situaciones de cambio climático, el seguro seguiría siendo viable en la mayoría de escenarios contemplados, salvo por las simulaciones de un modelo algo más fatalista, riesgo que habría que considerar ante el diseño de la política.

Como resultado, hemos mostrado que sería posible (incluso bajo la mayoría de posibilidades climáticas) crear un seguro índice que protegiese al colectivo agrícola y a la sociedad de los riesgos de la falta de agua en la agricultura. Creemos que, de esta forma, se podrían mejorar las condiciones de vida y tener una economía y sociedad adaptadas a los riesgos que conllevará el cambio climático.

 

Graduado en Economía por la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Salamanca